Nadadora 13

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Dr. Atl

Alerta

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Bruja

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Fiesta

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Monroe

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miércoles 28 de julio de 2010

La muerte blanca

Arma blanca/ es igual a arma fría/ como el pálpito de ceniza/ Como el hueso sin madera/ Así va entre caminos/ sin estampa/ Arma fría es igual a arma blanca/ que permea hasta el cadalso/ que redime hasta los árboles en ventarrón/ Así su tuerce el cuello/ Como aroma/ O como si desnudara el alma que se arrostra por un numen/ No es el pregón por simpleza de horca/ Tampoco que del nido haya rechazo/ Es igual a plasmadura/ Si anochece toma el pelo/ Si se endiosa/ un cubil de fantasmas/ la rehacen/ En la carne blande el filo/ la tormenta acusa al molde/ De tornadura la flotilla en vela/ No rechaza nada de “en balde”/ Se rehace a cada rato en ser pronta la rima/ para endosar el cadmio/ como lo hace una negrura: La daga del misántropo/ La luna ciega/ El arma negra/ No va al camino aquello que combina/ Tampoco el lastre sale/ a mitad de la ola/ Es un eterno entresijo de coronas/ es comulgar con lo que apresta el viento/ de velamen seco/ Entonces se adora al ataúd/ Igual que se adora la mecha caliente de un verso/ Hecho a la medida de la carne/ Arma letal, arma negra, arma de sangre/ colmillo blanco/ garras afiladas/ hormigas latentes como el ruido/ Así se ennegrece el horizonte de tanta sangre/ que aborta los sentidos/ Entonces asalta el miedo/ El garfio lastima como sangre/ La hiende de pudor por que es más negra/ Ni un solo llanto acompaña la partida/ Es como caminar entre huecos de niebla/ por la hondonada que se acuesta/ en la cañada…/ como sierpe/ Desde sus colmillos afilados y jeringas/ salta de nueces/ un páramo de…/ Veneno que tuerce el cuello/ igual a una columna/ Arma letal/ la palabra dicha con estimación/ Arma de angustia/ arma corrientes/ arma de luces/ arma de pillaje/ celestial como un orgullo/ Los galgos atraviesan la noche y el hombre se acuesta con…/ Es como una gentil salida de mañana con la capa puesta/ A ver morir a Jackson/ Desde la orilla de la realidad/ un páramo de espejos se extiende más allá de lontananza/ en una jeringa como garfio/ va una dosis de letargo/ Letargo visceral para la entraña/ Letargo que se adentra en un sentido/ Letargo sin más que una diadema puesta/ en un río de pestañas hechizas/ para postrar el rato en un lata de lo mismo/ Lo negro es lo negro de la tarde/ Un arma se desliza en pos de su…/ Corazón que no late ya con fuerza/ El arma blanca corre en pos de la sangre/ El arma fría sucumbe con un llanto/ Son las doce en punto/ Del día de la muerte/ Es la hora del encanto de doce campanadas con el sol en lo alto/ Comulga con la llamada a misa/ de una iglesia lejana/ más allá del espasmo del sol/ que calienta como ruido/ Un calosfrío levanta telones de ceniza/ Un cuervo cita a Poe/ Y una manzana se arrostra en un membrillo/ Más allá de la ventolera hay cuchillos que se amansan/ Fueron hechos con lienzo de madera para tallar el polen de los cuatro/ Más acá un numen se levanta como podría ser de seis/ Las maracas tiemblan en este bodrio de alaharca/ Son quemazones de chusma y de cerveza/ Otra vez se levanta de un tintillo/ otra vez la cuerda del zapato aprieta/ otra vez se columpia de un tintero/ El pregón del arma blanca y fría se levanta/ fue hecha de furia/ el arma negra fue hecha de amalgama/ Ambas se queman sin azogue/ Ambas se adentran en ojillo/ Una de plasmadura/ Otra de sangre/ No aguanta al que amanece sin sentido/ No quema al que se goza del silencio/ Son como hechuras de cadmio/ Ambages de un querer ambiguo/ Un descoyuntamiento recorre las canillas como un lance/ El arma fría a cobrado en dos un corazón/ la sangre se hace dura…/ Se ha hecho dura/ La lividez del rostro lo desdice/ No hay correduras en sus venas/ El arma blanca hace lo suyo/ frialdad del cuerpo como contagio/ el llanto corre/ la vida se va/ Es la sangre derretida por el arma blanca y fría…

viernes 16 de julio de 2010

Lilith

A Karini Apodaca
Me oyes y me citas en voz baja. Soy la que te preside cuando estás de buenas. No importa que él, tú, estés presente. ¿Te acuerdas de cuando te vestías de mí con tu mujer al lado? ¿Te acuerdas cuando le pedías que te besara como si fueras ella... como te beso yo? Ahora estás de buenas. Vas rumbo al escote, vas rumbo que vuela al lugar donde superas las miradas sobre tu cuerpo… tu falo está erguido y no se bajará hasta que te quites la ropa que llevas puesta, las bragas entre tus carnes pisan donde te… entonces sientes por todo el cuerpo el deseo de masturbarte pero te aguantas… Es lilith, tu devoradora, la que ahora te preside como un calcañal para matar la idea de santo que te inventaste a fin de lograr este deseo que has dominado para sentir la ropa dentro de ti, sobre de ti, al filo de tu piel, entre tus piernas, al roce de tus ingles, entre la comisura de tu… y más acá este falo tieso que busca dentro de ti mismo para endosar la idea de que eres casto y risueño. Y caminas. Las zapatillas grado cinco pisan por la acera, te contoneas como lo haría ella, salvo que tú eres tú y no hay un señor a quien inventar para confesar este deseo que te muerde desde adentro y desde afuera. Miras en derredor y no sabes a cuál escoger, te parecen símiles en desbandada que huyen de tu mirada, pero no te das cuenta que pasas desapercibido porque eres una más en redondel de la esfera del parque de calles abandonadas. Quieres ser como ella, quieres sentir lo que ella siente, quieres tener lo que ella tiene, pero no, no lo tienes mas que este escote duro y tieso que te mandaste hacer para empotrarte como un mariposa en alfileres, desde sus alas de hojas como si fuera una puta tirada en medio de la calle. Quieres ser como ella, pero no sabes arrodillarte después de hacerlo, no sabes inventarlo después de que se le engulle, no sabes rezar una oración para después del ensalmo para quitarte los miedos desde arriba; ella sí, ella sí sabe hacer todo esto y más, sabe del ayer, y sabe de hoy, no elucubra para mañana porque conoce todos los días del calendario, se conoce en cada palmo como se conocen todos lo minutos del espacio, todas las horas del dial en esta hora en que da vueltas a como las das tú, antes de llegar al lugar del encuentro. Llegas, la sala está vacía, te alzas en tu silla apartada desde ayer, te sientas, cruzas las piernas y te llaman dos ojillos como fantasmas salidos desde ti para endiosarte en cualquiera que llegue primero… No sabes arrodillarte después de hacerlo, no sabes rezar una oración, no sabes inventarlo como lo inventa ella para postrarse y adorarlo desde adentro… y no sabes que no sabes, por eso te atreves a vestirte con las mejores prendas de ella, y tus carnes son como si fueras ella, pero no hay en tu entraña nada que pida devorar semillas como el árbol que plantaste a la sombra del pedrerío de la entrada de tu casa. Sientes el roce de la tela, sientes el roce de tu piel con las piernas cruzadas, sientes el roce de tus bragas con tu… entonces llega quien esperabas… pero no se dirige a ti, se dirige a ella, a Lilith que esperaba igual a ti sentada desde donde se ve el horizonte de la calle. Oyes el susurro de sus voces. Piensas que hablan de dinero, de cuánto vale el rato de ella una vez cerrada la puerta, piensas que hablan de cuánto tiempo es el precio de la espera, te das vuelta… le das vuelta a cada pensamiento y dices que nada vales frente a ella y te da por arrojarte a sus pies para endiosarla, pero no sabes que ella no es eso lo que quiere ahora, no sabes que ella se adelanta al cambio de partida, según la sombra del sol que la alumbre a cada hora… por fin se levantan, caminan por el pasillo que da a cada puerta en este zaguán metido hasta tus ojos después de lo que verán al mediodía… te levantas y entras al cuarto posterior, los ves en lontananza a través del vidrio polarizado, la ves a ella y lo ves a él, entonces cuadras tus pupilas, volteas y te ves a ti mismo en el espejo de cuerpo entero, lo hacen y tú con vista panorámica en los sentidos… lo haces otra vez. Te sales del espejo, te cambias las ropas y sales al pasillo que bulle de voces que ríen y ríen en la espera. Vas al mostrador. Pagas la cuenta de los dos y sales a la calle otra vez… la sombra del sol camina hacia el oriente.

viernes 9 de julio de 2010

La otra historia

A Karini Apodaca
Ni por asomo el pecado de Adán y Eva. Las veo entronizarse en la piel, la carne augusta de cada una de ellas. La matrona invade, la joven se alista y dios ve su hechura de ángeles en comisura de hacerse cada una de ellas paso de vista y de tacto por entre los canales y cordilleras de abasto para el numen de diosas en concierto. No ceden palmo, el tramo de piel es ancho para las manos que caminan. Entonces la lengua busca y encuentra a su igual de hechiza sembradura… lánguida carne de especie taciturna, suave como un escote, suave como el bombon hecho a la brasa, en esta suavidad de luz de luna que hechiza entre pliegues guardados entre piernas. Yo Caín las veo y me solazo en esas teneduras de… cada una de ella teje manualidades en potros y en suavidad de agujas tejedoras como si al hacerlo se endiosaran… una primero en la carne… el roce de sus manos por todo el cuerpo de ella, que da y ella que recibe, pero no al mismo tiempo… sólo mirada arrobada en esta entrega. Entonces un sentimiento de Sadismo me invade la cabeza, igual a la que da. Por entre meteduras de ensalmo como si el jadeo fuera compartido por el vecino-ruido que lleva el vaho de ser en dos… tiempos desechos por las manos, tiempo desecho por la lengua, tiempo desecho por los ojos, tiempo desecho por el jadeo de una de ellas. Entonces Yo Caín tengo que matarlo para que no diga que lo hizo con su madre para la especie bácula del engaño de dioses en trampa… su propia trampa, la trampa que sólo ve Lilith con la espera de su… que no llega nunca sino en son de una a la vez y no dos en el concierto. Dios las hizo y ahora no sabe qué hacer con… lo de ellas que no pecan del mismo modo que lo hizo Él en el séptimo día de la creación que lo hizo con su creada, y lo hizo, según su tesis para que el mundo avanzara… lo que mal comienza mal termina, le dijo Abel… y no le hizo caso, pero aquí no hay mandaderas para ser embalses como lagunas que se ven en su misma charca, para juntarse en un mismo lago y embadurnar de agua a toda la especie. Qué idiotez, fue Abel quien lo hizo con su madre y no ellas que juegan en este abasto de Lilith para que no lo vea. Luego el señor se hizo hombre para hacerlo con su hija, su creadura de santa e inmaculada para prensarlo de por eternidad por si faltare… Ella se lo guardó, pues ya no era su hija sino la de Ël, que había ser culebra. Entonces por entre sembraduras se teje la piel otra vez, como si al hacerlo se inventaran de dioses hechizos en la Biblia, dioses que engañan, que matan, que lo hacen con sus hijas, que se dejan engañar para ser embalses, que pasan por ser blasfemos, que la raza no es si-no es maroma, por eso lo de ludiones de fantasmas de ellas que caminan esta vez en limpieza de… sin que haya dios alguno que les reclame porque no son sino el madero enhiesto del que se apropió su “hijo” copiado en mil veces de lecturas de salmos y de señas… salió abusado el Señor para apropiarse de la palabra escrita en otra tierra, en otro tiempo, en otra tenedura, en otro salmo, en otro bálsamo de augusta carne. Por eso este madero es de ellas que palmo a palmo abrazan sus nalgas y sus talles y sus piernas y sus bocas, y sus labios y sus dedos y su matraces de… comulgando con su igual para no pecar más que en la ensoñación que invade la cerveza… Y lo piensa al hacerlo. Terminan y la matrona abraza a la joven y la recuerda cuando niña; la ha hecho feliz de coma y de cocuyos, la abraza con suprema bondad que da después de hacerlo, con supremo orgullo de ser la que manda, la que recibe, la que acepta, la que redoma, la que dice que sí, la que se teje entre armaduras otra vez su piel de escaño en la garganta del jadeo que le da su entraña, por eso lo deshacen a él… Lilith es la que manda.

viernes 2 de julio de 2010

Naranjas

El pincel un escalpelo, la diéresis, pezón que se abre al goce de la espada: lengua hechiza para los aromas de punto y seguido. Corre por todo el cuerpo el pincel en agujas que corroen la piel hasta donde termina este medio océano; no hay en el cuerpo huellas de trance de olvido ni de temas que no sean escanciados por la aguja-pincel, que escupe tinta como si fuera un falo lleno de espinas. Tus nalgas despintan al que se manda un aluvión de estirpe como si fuera cresta de gallo en medio del palenque… ya cantan en medio de esta noche de la piel abierta como un lirio que se mira en el espejo de tus naranjas opuestas como los meandros del río de mi pueblo. Entonces sigue y sigue abriendo los surcos de color que nacen de entre la sangre que llena el… cántaro que merodea para postrar el agua en vino como si fuera Él bien crudo en la mañana… dios ve de espaldas con nalgas respingadas como el bailarín de anoche en la pantalla… No cubre los colores, los abre como sobre de correo llegado con la primera luz de la mañana, por eso el escalpelo tiene punta de luz abriendo el horizonte. Escanciado tu recuerdo, a la hora del coito, a la hora del punto de luz… como la aguja en su agujero, almohada, hueco y huso horario, vi de entre tus carnes los deseos abiertos como pezones en una espada templada entre aceite, con temple grado cinco, para dos entregas solitarias. Tu pezón me dio el acento de mi meandro, la piel de tu aureola se cubrió de erizos como si tomara luz del mismo acero a la hora de enfriarse para cada entrega del pincel en tinta echada… lechosa como brío… No tengas duda, a la hora en que escribo, cuando lo hice… en esta misma hora en que pinto con mis dedos solitarios, pienso en ti cuando tenías veinte años, cuando en tus nalgas eras dios echado hacia tu pecho, esperando el regreso de la muerte, en el tercer día del escándalo. No despinta el punto de luz lo que no tiene: abre hacia este momento lo que lleva puesto entre paños menores en la espalda. No cubre lo negro de tu sino, más bien se entromete a sacar de entre la armadura de tu piel los colores vacíos de escalpelo… ahora la diéresis es un sentido, el sentido que le da a mi lengua cuando lo hacemos al mismo tiempo. El punto de luz es una primera carta enviada por correo, es un punto de enlace que da al balcón desde sus raíces mediadas como cuerdas, es una reunión de amigos como a las doce, es una rumba bailada al son de carnes hechizas como esta rueda de colores que va dejando el escalpelo; cuando sea la hora nona de hoy, la hora del rezo, la hora de la culebra, la hora del despertar de la siesta, asistiré como guía hasta el malecón de ayer; haré con mis pasos dibujos en la acera, pintaré con puntos de luz maromas del espacio, me escanciaré en la imagen de la sombra del otro que camine frente a mí, como si fuera mi guía de… En esta hora en que escribo se oye en la acera el paso de ella, es el escalpelo que aluza en el punto de luz como si fuera una lefa bañándose en mi guía… No se sabe quien pinta a quien, no se sabe si el color lo escupe la aguja o nace de la piel, no se sabe si el escalpelo cura o se cura el mismo de su filo, no se sabe si el madero es Él o viceversa… No hay ruidos en la habitación sino el de la máquina que mancha lo que toca como la luz distiende entre bríos los haces de color lamidos en tu espalda; desde cada punzadura de tu piel se hincha el falo de la sangre derretida y meto en… penúltimo de una serie de seis, para el recuerdo de quien enseñoree otra vez la lengua entre embudos de agua, agua salobre como los pliegues de luz que sacian del punto de aguja: mirada de… Aquí no sucede nada, a no ser lo que pasa cuando el tren avanza hasta tocar entre sienes de carey tus pálpitos de miedo, usados como el hielo que da frío al vaso que escanciaré después del aguacero. La tinta enrojecida por tu sangre secará tus pliegues de aroma como espacio; Él ha terminado su obra en seis días… en un día se entregó a su miedo igual que una pareja hastiada del color del sol: saliente como rúa. Ahora es la espera a que la tinta sacuda un espasmo de cueros dejados en lozanía. El paisaje es tardío, los puntos de luz del escalpelo tardarán en cicatrizar como si fuera la diéresis de tus pezones después de hacerlo…

miércoles 23 de junio de 2010

Coito

Como el glande de músculo y aroma, así sus entreduras. No amansa al galgo que muerde la carne, más bien se tiende hasta el vacío, y si un vértigo lo adora, cae hasta el fin de mezclas de idiomas aprendidos en santa misa de noche. No abre el síntoma de orgullo si no es para ser penetrada, no entona el grito de embalse si no es por la entrega, no endiosa al báculo si no es por su nostalgia, no lo abre si no es por el recuerdo en la sangre; recuerdo de nubes y de sangre en noche ignota, y en esas tientas se endereza el clítoris, su amigo, para embalsar lo que lleva ya puesta en luna solitaria; el animal que la carcome, es en su cuerpo movimiento redondo aprisa, retarda la amalgama con silencios de tientos y de aromas, retarda la prisa con movimiento seco de cadera, vuelve al retardo de la arena de sus muslos como si fuera una entelequia; se muerde de ganas y se muere de verdor; así como avanza ella, el huevo en fósil se desliza, no hay nunca en este juego de enroques, no hay tumbas, no hay esquemas; más bien se entroniza al inocente en un cadalso de nueve meses; mientras se piensa se viene más seguido como si hacerlo de esta manera fuera un cúmulo de deseos adyacentes. El almizcle atiza y si es de materiales más, entre más tiene más se entrega, no hay adioses en estos miramientos, hay sí ambiciones que someten a la carne; un nido, una rama, un gusano de fiesta, una almendra enterrada para mañana, una amalgama de fiestas a deshoras y un sueño sin ruido; qué más; se entona con misas de gallo, se endulza en mentideros de palacio, se tiende en cruz de goma y se mueve en redondo dentro-intro ella; baila al son que le toquen, no se amansa si no es con llenaduras; el galgo vuelve, de nuevo se tiende en soliloquios y se abandona al ser de orgullos y de idiomas de perros en brama porque ella es la que manda. No es mensajera, es una seña en el rocío de sus pliegues hormonales, se agarra la nalga ante el espejo y se ve el trasero como si haciéndolo avisara que ha llegado su hora… la hora del grito, aullido ante la… que se tiende al horizonte como si fuera ella misma que desdora toda idea de vida o de muerte si no fuera este instante que organiza los sentidos. No piensa que el mañana es tentar lo que aparece, no sueña: se abate, no cobra… la serpiente es su sumun de voces que la adornan; así, como si fuera un sinalejo se colma a sí misma: cierra los ojos y se viene primeriza. Con meandros de puntos y comas se adora para adentro… el meneo es un centro de admiración, como si moviéndose se abriera el ciclo de lo que busca: otro ciclo, banda sin fin que vuelve a lo pensado. Abandona toda idea de placer una vez colmada de inocente, se mezcla con el orgullo y es como si corriera mil maratones a la vista del correo, no alista las maletas, de siente como el idioma que corre en armaduras; así, como si fuera en technicolor, se deja traslucir… los fantasmas de “ahoy”, de ayer y de mañana lo dirán con hurtos de imágenes de sueño. Qué más quieres, le pregunta; el idiota piensa que lo sabe todo, ignora que el aviso no llega por correo, mientras lo piensa, organiza un evento de entradas populares, se da un viaje en avión y termina donde no hay mañana; se va en vuelo por toda la amalgama, se arma una guerra, cuenta un cuento, se desdice de todo, y el pobre termina con el ocaso de “ahoy” mentido por el dilema de hacer casa o seguir con andaduras… el pobre es un tiesto inservible para mañana… para esto no sirve, para esto no nació… vale madres la sangre que lo adora, vale madres la ensoñación de tuestes de camisa, nada le importa si no el son de las nalgas de ella mientras camina, nada lo mueve sino el movimiento de caderas cuando lo hace a gatas, nada lo endiosa sino ella misma en este instante para mañana estar en lo mismo, y al rato, y ahorita, y entre tanto, y cuando se pueda…

martes 15 de junio de 2010

Ixtli

Ambos han salido a la misma hora de sus casas. Ella con su libreta de reportera, él con su pistola de… Él va a matarla, ella lo va a describir… Latente como brillo la cerveza en punto; ella manda, él obedece. No es óbice para dar el escarmiento los regaños de mamá… a ella la mira y le obedece, es más se toma el caldo de las crudas cada fin de semana; en la medianía de su hombrura se abalanza sobre sus piernas y duerme sobre ellas, escucha el roce de la tela en la entrepierna de mamá y en más de una ocasión lo ha pensado, lo ha sentido, lo ha palpado… en más de una ocasión la ha visto. No es vocación de… es que no se atreve a aceptarlo y se escabulle por entre esas piernas y luego se santigua como si al hacerlo se borrara de la especie. Entonces él la toca en el silencio del cañón que aún no prueba… lo usa como escalpelo, pero debajo de sus… están sus muslos; ayer como a las seis se fue de pinta, la cruda, a esta hora, no se le baja, es más está de malas, quiere tomarse una para empotrar sus ideas de docente. Como un cofrade envalentonado, camina por esas calles de ladrillos rojos; mientras, la pistola le roza el costado izquierdo. Mamá, ahora, es un sombrero agitado por la olas; mientras voltea, a su derecha suena la corneta, no voltea, puede ser una trampa… lo hará por la espalda, como cuando ella lo abraza y le roza las nalgas con sus piernas. Se asoma por el visillo la idea de mamá como una choza para guarecer a los desvalidos. Mientras tanto, ella compra baterías para la Minolta; el flash es nuevo, entonces no hay de qué preocuparse; la grabadora también está cargada; la dejó trabada desde anoche, son doce horas de energía guardada. Con piernas al hombro camina escuálido, va que chuta, no piensa en “eso” más que para dar un esquema de rodeo. La verá de lejos como la miraba a ella en espera desde la escuela… Nunca lo han visto a los ojos, tampoco ha sentido emoción de aroma, nada de lo esperado a estos veintidós años en que murmura con la pistola al cinto. Nada de sensaciones en la panza. La locura es un rechazo para ella. Ella, la que se ha desdoblado, la que ha vuelto en dos su alma para compartirla, la que ha hecho de otra alma su razón de vivir, la que en dos carnes ha cimentado su carisma, la que a partir de aquel momento se ha quedado sola para ella y para vivir de nuevo junto a “él”. El cuerpo cubierto al descubierto por entre esa tela fina y blanca, por entre el tacto de los costados, por entre la orejas en su tono, por entre la piel que la toca; todo eso la amenaza en la pistola de él que avanza sin descanso hasta ser en mamá la otra mujer embarazosa, para ser en lo que le teme, el cuerpo indemne, intocado y lejos y cerca de la vista con esa cercura que da todo cuerpo deseado en lejanía… Por entre la tela de seda en el fru-fru de su roce en cada latido de su sentido, en cada… Ella va alegre y se acerca, no lleva sino su libreta de apuntes, su grabadora, su lápiz para empotrar cada idea que sienta de él en lejanía pues le han dicho que lleva una pistola para matar a cierta mujer que va por la calle. Se viste de candor, se mira en los cristales por donde pasa, se mira en los espejos de la calle, repasa el guión y nada sucede, a no ser por el sendero de pasos que se adentran hacia ningún lado, ella sí va hacia algún lado; estará dentro de quince minutos en su lugar para el desplante de la vista, el lápiz luce espléndido, la grabadora está en su punto… ya la ha puesto en su lugar de arranque. Por fin llega a la plaza, está abarrotada, al fondo los mineros, más acá los que vigilan; toma nota y enciende la grabadora para dejar en cuenta el barullo de este lugar enardecido por unos contra otros, todos miran hacia todos lados. Entonces todas las miradas se suceden sobre de ella, es como si estuviera desnuda. Voltea, y el hombre le apunta directo a la espalda, se da la vuelta para quedar de frente, mientras le clava la mirada en esos ojos de… él se queda alelado por tres segundos en sus ojos, por fin ella lo vence; él le apunta al muslo derecho y dispara, da en el blanco, ella cae… nadie se acerca a ayudarla; sólo hasta que llegan los compañeros de la fuente la levantan y la llevan en camilla hasta…

lunes 7 de junio de 2010

Meneo

El movimiento es un gato que camina, tu cuerpo es el movimiento del torso, las piernas, las nalgas y tus senos. El movimiento se… entonces una ola curva su ingle como se curva tu pelvis. Una enredadera se mueve con el viento que la curva, entonces se conoce el sumun de lo que sucede a veces con tu cuerpo. Un elefante camina por la pradera y se mueve como si fuera una feria entre otros elefantes. Un gato cruza la sala y se contonea como si fuera una feria de gatos en subasta. Un águila vuela rasante como si fuera un vuelo en juego de ave que emigra desde su cubil para agradar a su única pareja. Todo se mueve cuando tu cuerpo se mueve como gato, como elefante, como águila, como cadera undulante, como alga en altamar. Un rayo láser cruza el espacio y ondula sobre el Mar de la tranquilidad y ondula la luna que lo contiene igual al espacio que ondula en esta especie de… no sale el sol si no ondulas. Tus brazos son los que se menean suaves sobre el contorno del láser que ondula otra vez. Por el crucigrama de tus alas rotas, donde cruzan tus brazos y tus caderas, se lee una palabra, es tu sexo que se cruza como un elefante caminando en la pradera. Entonces tus bellos se erizan cuando meneas a los lados los brazos y se ve la brocha de Munch pintando sobre el lienzo del aire, se ven las algas alardeando al son del agua que habita, se ven al gato cruzando la sala, se ven las águilas ondeando el aire. Entonces un naipe da vuelo rasante desde las manos que sostienen la… No hace juego con tus caderas pero sorprenden al inocente que se nota es primerizo. Munch corre la brocha, tu cuerpo grita y se menea en ondulaciones de palacio, el día se asoma y rompe el horizonte como si una nube cantara en nubarrones. Tu cuerpo al ondular por la cadera habla, habla el lenguaje del agua, habla con palabras de ola, habla con tonada en nubarrones de pradera; tu abdomen es un desierto, sólo tu cadera ennoblecida de palabra habla. Entonces la percha de lienzo de caballos se tiende en el respiro de cigarro: huele a yegua y habladuras; huele a potro y a mansalva; hay en el ambiente un grito de poleas: tus dos manos recorriendo las ancas entre el ramaje. Subiendo desde tus muslos, por el costado de tus muslos hay una diadema de colores que enrosca como serpiente a todo el que ahí mira, hay un cúmulo de hormigas con aguijones puestos y envenenados, hay un ramaje que se mueve con el viento, hay un pincel que pinta al viento, hay un cúmulo de nubarrones que se deshacen en gotones a las tres de la tarde. Las algas que se menean como tu cuerpo son mujeres de océano… hincha el mar sus caracolas y éstas se abren para recibir el néctar del cuerpo del mar, y se contonean y mascullan palabras al son del día y el sol que alumbra desde afuera. Entonces como tus manos se enlazan a tus caderas, gritan para pedir: ¡Mírame! Solo eso, no piden otra cosa; suyo es el mirar de otros, hombres o mujeres que laten aprisa con sus corazones en arzones para soliviantar ese vuelo de ansias que sacuden al que te ve y se entroniza en tus sentidos; sus propios sentidos se entronizan y sufren por no tener ese meneo de tu cuerpo, ese meneo que no pide nada, que solo existe para ser visto, que solo se mueve para decir: aquí estoy. El péndulo marca la hora del abismo, tu cuerpo marca la hora de rezar al dios del deseo que se envuelve para dejar caer tus manos y tus brazos en esa cadera que se balancea para ser vista desde afuera. La corola presta alojo al pistilo, así guarda tu cuerpo el trazo de aire que haces con las manos y los brazos. Entonces desde la bajadera de tu cintura corre un rumor de cuarzo en sintonía de estancia. Entonces te abandonas al que te mira y miras de reojo. Entonces…